Hace 3 semanas César Quintana Lara

Siempre he dicho que el festival Nrmal es uno de los mejores de México. Desde que llegó a mi radar, en sus primeras ediciones en Monterrey, hasta que pude asistir a uno cuando se mudaron a la CDMX. Lo que hace diferente a este festival de los demás, lo que hizo que este año saliera adelante a pesar de todos los contratiempos, fue que cada año nos ofrece una propuesta distinta, la intimidad del festival, la oferta musical, la gente que asiste, la cerveza, los tragos, la comida, los amigos y un sin fin de cosas más. Como ya sabemos, este año no fue nada fácil para el Nrmal, Flying Lotus, el acto principal, canceló un día antes de que se llevara a cabo; lo cual desató la furia de la gente y se hicieron escuchar por todos los canales posibles. Muchos querían un reembolso, otros tantos estaban vendiendo sus boletos por montones y a precios bajísimos. Si bien no recibimos la mejor respuesta por parte del festival al momento de la trágica noticia; se negaban a dar reembolsos, deshabilitaron los comentarios en las publicaciones; el festival pudo salir adelante. Alrededor de las 10:45 todos aquellos que compramos boleto recibimos un correo que decía que contábamos con un +1 al momento de presentarnos al festival, esto solo si llegábamos antes de las 2:00 pm. 

Todo empezaba a mejorar. Los nuevos horarios fueron anunciados por ahí de las 12 de la noche, y a pesar de que Belafonte Sensacional no se convirtiera en el nuevo headliner, todos parecíamos estar conformes con lo que iba a suceder. 

No me quiero imaginar por todo lo que tuvieron que pasar para poder lidiar con la cancelación del headliner, el único acto que llevaba anunciado un buen rato. La mayoría habíamos planeado nuestra experiencia en el festival en torno a la presentación de Flying Lotus. Debemos entender que fueron motivos completamente ajenos al festival y que la organización hizo todo lo posible por enmendarlo de alguna manera.  

El día llegó y todo parecía marchar conforme a los nuevos planes. Los contratiempos no dejaron de surgir, pero no fueron más que pequeños momentos de incertidumbre que fueron solucionados rápidamente.

Una vez dentro, Nrmal cumplió con todo lo prometido. Fue una experiencia como las que ya conocemos de años pasados, pero esta vez más enfocada en ser un día de campo, cosa que quedó ad hoc con la cantidad de asistentes y la oferta musical de esta edición.

El cartel no dejó de presentar esa frescura que tanto nos gusta del festival, si bien no contó con los grandes y legendarios headliners, como en otra ocasiones, estaba conformado por una oferta mucho más personal. Compuesto por actos muy variados que iban desde la psicodelia de Wand, hasta la experimentación de Juana Molina, pasando por el bello indie pop de The Sea and Cake y todo el girl power de Bush Tetras.

El día empezó de la mano de los mexicanos de Fumata, con un poderoso Stoner que hizo retumbar los oídos de todos los presentes. Quizá no fue la forma más amigable para empezar un día campo, pero dejó algo muy en claro, esta edición del festival venía con todo. El día siguió avanzando y Jackie Mendoza fue la siguiente en deleitarnos y brindarnos la atmósfera para el día de campo perfecto. Belafonte Sensacional nos dio ese show digno de headliner que esperábamos. Mateo Kingman nos hizo levantarnos para bailar como si no hubiera un mañana. Wand nos dejó queriendo más, los ánimos ya estaban muy elevados para esa hora, ya habíamos bailado, echado el slam, disfrutado de la tranquilidad de un día de campo sin salir de casa, ¿qué más podíamos pedir? 

Fue entonces cuando llegó Bea1991, un acto sumamente interesante y que fue un parteaguas perfecto para esta hora de la tarde. Todo cambió al momento que tocaron el escenario, la energía del festival dio un giro de 360º y fuimos testigos de un acto sin comparaciones. The Sea and Cake fueron el acompañante perfecto para recibir la tarde, con melodías que nos recordaron a tiempos más simples. Byetone llegó para darle otro giro al festival, con un minimal agresivo que nos estaba preparando para lo que venía. Bush Tetras llegó con todo el poder que sólo una banda que lleva 40 años tocando puede brindarnos. Ya se acercaba la recta final del festival y Juana Molina llegó a demostrar que, antes de la cancelación, ya estaban todos los elementos para un gran festival, llegó a darle ese clímax tan necesario al que todos los demás actos nos estaban llevando. Puso a todos los asistentes a brincar, bailar y cantar; nos recordó lo que hace tan especial a este festival entregándonos un show que recordaremos por mucho tiempo. Ruiseñor fue la encargada de darle fin a la velada, lejos de los escenarios y en un formato mucho más íntimo, un final perfecto para la ocasión.

Pudimos ver actos que de otra forma nunca veríamos en nuestro país. Todos dieron un show excelente. Justo es eso lo que hizo atractiva a esta edición, el conocer nueva música y pasarla bien mientras lo haces. 

Es por todo esto que no podemos dejar morir al festival con más corazón de la ciudad. Larga vida al Nrmal.

Fotos: César Quintana y Jessica Hernández