Fotos: Ocesa/ Liliana Estrada

Puntuales a la hora que marcaba el boleto Sigur Rós subía al escenario, los islandeses además de volver a México regresaban a los escenarios después de un hiato de cuatro años. Este show significaba mucho en todos los aspectos y las horas siguientes fuimos testigos de un show explosivo, sentimental y mágico.

El concierto se dividió en dos partes que podríamos describir entre lo nostalgico y lo explosivo, ambas nos dieron el deleite de ver a los islandeses ejecutar todo sus set de una manera pulcra.

Svefn-g-englar” abrió la noche, Sigur Rós es música contemplativa, más allá de la complejidad del idioma escuchar al ahora trió islandés es transportarse a un lugar de paz, fronteras donde todo está despejado, oír la instrumentación en momentos de nostalgia y dejarse llevar.

El fandom de la banda es muy expresivo, intenso y pasional cada canción del setlist fue escuchada en un gran silencio para solo dar un ovación al terminar cada canción. Sonaron de gran manera canciones como “Ný batterí“, un combo de “Untitled” #1, 2, 3 de manera continua y una nueva canción de nombre “Gold 2” hasta “Heysátan” canción con la que cerró el primer acto.

Un refill de cerveza, una visita al año y a tomar de nuevo nuestro asiento para seguir con el acto místico que es la banda nórdica. Ya habíamos comentado que la primera parte del set fue más obscura y contemplativa, pues al comienzo de la parte dos sonó Glósóli canción con la que nos dimos cuenta que lo que restaba de concierto sería explosivo, ruido y un poco más visceral.

“Sæglópur”, “E-bow”, “Gong” y “Festival” abrieron un camino en donde Jónsi impulso lo más fuerte posible su más, el piano era en muchas ocasiones la base para el estallido del bajo y la guitarra con la única manera de tocar de Jónsi.

Para el cierre “Kveikur”y “Popplagið” redondearon la noche de una perfecta sesión de post-rock una ceremonia islandesa de dimensiones mágicas que dará comienzo a una mini gira por México y el regreso de Sigur Rós a nivel mundial.