No sé puede hablar de música electrónica sin nombrar a Ramón Amezcua. Desde sus inicios, logró mezclar las raíces mexicanas con el techno, house, trance, techno, electropop, y demás variantes. La transculturalización hecha por el Amezcua, rompió con los esquemas musicales para crear nuevas formas de escuchar y percibir sonidos creados desde aparatos tanto análogos como digitales.

Amezcua, se ha convertido en este alquimista musical que no tiene miedo de explorar nuevas sonoridades. Siempre activo e inquieto. Esto lo hizo colaborar con el multiinstrumentista alemán Harald Grosskopf. Hoy juntos presentan Quetzalkrautl, un material de seis tracks en los cuales mezclan la tradición de la música experimental alemana con la vanguardia electrónica mexicana. Por este motivo decidimos tener una breve, pero significativa charla con el productor y compositor tijuanense.

Para muchos, la pandemia fue como un túnel hacia lo creativo, ¿cómo lo sentiste?

Si, fue un túnel. No recto sino con bajadas y subidas. En los primeros meses yo estaba muy contento, dije: “Voy a estar mucho tiempo en el estudio produciendo”. Pero fue lo contrario, no salía absolutamente nada, no había una conexión con lo que estaba sucediendo. Había mucha incertidumbre.

Pero, creo que el hecho de replantearte, poner los pies en la tierra y ver cuáles son tus virtudes y lo que te hace falta por recorrer, eso ayuda muchísimo. Esta pandemia, me permitió explorar, estar aquí experimentando con mis sintetizadores. Aprendiendo manuales, entrando a foros de síntesis. Tomando clases y sobre todo produciendo muchísimo. Este tiempo no fue en balde, regresamos más fuertes.

¿Cuál fue el resultado de atravesar ese túnel?

Hubo un reencuentro nuestras raíces, con la nostalgia. Es importante vivir el presente, planear el futuro, pero, también a veces es importante regresar y ver de dónde vinimos. Eso te permite aprender muchas cosas que ya viviste y ni te dabas cuenta. A muchos nos tocó re escuchar discos, que teníamos años sin oír y descubrir nuevas cosas. Lo escuchas dentro de otro contexto.

Eso fue lo que me pasó a mí, empecé a escuchar música nueva. Pero, también me puse a escuchar mis vinilos que tenía desde hace muchos años. Yo recuerdo mis primeras experiencias con la música electrónica fue el krautrock, los inicios de Kraftwerk y Harald Grosskopf. Eso te permite valorar mucho de dónde vienes y sigues aprendiendo de eso.

¿Cómo logras dimensionar tus raíces y unirlas con el exterior?

Pues, número uno es ser auténtico en proyectar de dónde vienes. Eso es súper importante. Yo tuve esa fortuna de adolescente, a fines de los años setentas, de crecer escuchando a Kraftwerk. Me acuerdo que tenía cómo 15 o 16 años, cuando escuché acá en Tijuana, una canción de – Kraftwerk como un hit internacional.

Eso marcó mi vida, me apasione por los sonidos electrónicos y seguí oyendo música electrónica por toda mi vida, o sea desde que empezó krautrock, rock progresivo, tecno pop, industrial, techno. Toda la evolución de la música electrónica. Y llegó el momento de colaborar con una persona que, fue parte de esa escena y es una persona autentica, está en la mayoría de los discos importantes del krautrock. Colaborar fue muy fácil, el primer track que le mandé lo hizo bien rápido.

Él se puso a investigar, en México también hubo un movimiento de música electrónica, surgieron muchas cosas, él quiso hacer esa conexión de un mundo en donde empezó y germino la música electrónica. Le apostó a eso, a contribuir en las raíces del krautrock y que yo de alguna manera proyectara lo mexicano, pero no en sonidos aztecas o mayas. Sino en la música mexicana y cómo nosotros absorbimos toda esa música que, nos llegó por la radio y los vinilos de Alemania. Terminamos siendo parte del código genético.

¿Cuál fue la fórmula para crear este proyecto?

No queríamos hacer algo vanguardista, obviamente tomar las tecnologías que tenemos a la mano y darles el contexto de lo que, está sucediendo hoy en día. Por ejemplo, un sintetizador de los años setentas, cuando lo usaban en aquel tiempo tenía un sonido, pero, ese mismo aparato si lo prendes ahorita en 2021, haces algo diferente.

¿Cuál es el track clave de Quetzalkrautl?

¡El primero que hicimos “Cactomuzik”! Empecé a postear unos tracks   en Instagram y Facebook, Harald Grosskopf me escribió y me dijo: “Esa canción me gusta, mándame los audios”. Era un tema que estaba haciendo con una caja de ritmos, pero totalmente fuera de tiempo. Estaba muy sincopada, ese me gusta. Fue el tema que inicio el proyecto.

“Fuga” tiene más el sonido del krautrock de finales de los sesentas y setentas. Lo que noto de diferente es que es un track de krautrock, pero también toca un TB-303, que es un sintetizador del techno, acid house y todo este rollo. Eso creo una conversación entre dos mundos

¿Qué aportación deja Quetzalkrautl, a las futuras generaciones musicales?

Yo creo que lo más valioso de este proyecto, es de estar abiertos a las posibilidades de colaborar con gente que admiras y respetas. A veces imaginas que hay cosas inalcanzables. Yo creo que este disco, deja muy claro que llega el momento en tu vida en que, te acercas a la gente que admiras y respetas.

¿Cómo ves el panorama de la música electrónica en México?

Los cambios han sido para bien, en muchos aspectos. Veo la tendencia en México y en el mundo, de que hay mucha más valoración al productor. Obviamente al Dj siempre fue muy importante, él se encargaba de dar a conocer la música del productor al mundo. Son los grandes comunicadores. Al final del día, a la gente no le interesaba tanto el productor. En la actualidad, a los productores los invitan cada vez más a los eventos. Ya no sólo llegan con su USB, ahora llegan con sus aparatos, cajas de ritmos. Eso tendrá un impacto en la escena de la música electrónica en México.