Desde una perspectiva superficial, podría decirse que la nueva entrega (Keru Not EverTereza) del -siempre relevante- sello canadiense Infinite Machine, es un cambio rotundo de dirección; las corrientes atmosféricas que propone sus piezas tiene una clara orientación ambiental, algo que probablemente pocos esperaban. Sin embargo, antes de hacer un juicio como tal conviene tener en cuenta que, probablemente, estemos obviando la posibilidad de que su esencia se preste a un juicio mucho más complejo que lo que se percibe en una escucha diáfana y pronta.

Si bien hace años que Infinite Machine ha trabajado bajo el lema de congregar una alta diversidad de discursos sonoros, es de llamar la atención como fue hasta hace apenas unos meses que fue reconocido como lo que es: uno de los sellos más sagaces de los últimos años, electrónicamente hablando. Es un referente innegable donde discurren productores que, además de tener una esencia genuina, comparten el discurso y la línea narrativa del sello. Sencillamente, la capacidad curatorial de Charlie Juárez es colosal, y basta con sumergirse en la línea de tiempo que marca su amplio catálogo para darse cuenta.

Las construcciones ambientales bajo las cuales está cimentado este disco, dejan entrever un matiz profundo, y por momentos visceral. Así todo, es necesario poner atención ya que la complejidad de este material reside en la progresión de sus componentes: sea la intensificación a gran escala –en cuestiones melódicas, (a)rítmicas y vocales– de sus piezas, o la muy probable conceptualización de que bajo ese halo fantasmal que articula al disco, existen reminiscencias rebajadas del club; residuos feroces que, a través una visión heterogénea, se convierten en el eje bajo el cual se balancea la premisa de este trabajo.

La diferencia entre lo que supone el ambient bajo el paradigma de lo tenue y de lo sesgado y lo que podemos percibir en Tereza, no dista demasiado, sino que se trata de un abordaje distinto; un paralelismo que evoca cualidades calmas pero con elementos dispares en pos de lograr de nuestras interiorizaciones, un puente entre lo neurótico y lo caótico, siempre bajo un filtro sedoso y sutil. Es aquí que uno puede darse cuenta del valor que supone esta maravillosa entrega. Keru Not ever es, en un plano meramente personal, uno de los descubrimientos más enriquecedores en lo que va del 2017.

Escuchen aquí abajo el disco completo.

Acá lo pueden comprar. 

Yann

Yann

Fascinado por los días grises y lluviosos.