Hace 2 meses jignacio

Tal vez no sabías, pero durante el 2016 se celebró el Año Dual México-Alemania, y durante 12 meses hubo diferentes actividades culturales que se llevaron a cabo en diferentes partes del país, con el propósito de celebrar la amistad y colaboración de ambos países. Hubo exposiciones, se organizaron talleres, trajeron a artistas a dar pláticas, tomaron las calles con arte y por supuesto, organizaron decenas de conciertos.

Entre los conciertos que se organizaron en el marco de éste año, fuimos a varias ediciones del Hertzflimmern, también pudimos presenciar el concierto inaugural de Platoon, pero ninguno de ellos fue tan sorprendente como el que dio fin oficial al Año Dual en el Monumento a la Revolución.

Con el nombre de aleMANÍA Fest, un cartel diminuto pero conciso y la entrada gratuita, el festejo estuvo lleno de sorpresas que oscilaron entre sonrisas, lluvia, saltos, cumbia, electrónica, sintetizadores, bailes frenéticos, e inclusive, una intervención de la policía.

Todo empezó con la presencia de Celso Piña y su ronda de Bogotá, quienes empezaron con unas cumbias salidas directo del Cerro de la Campana en Monterrey, Nuevo León. El rebelde del acordeón salió al escenario con una playera de Kalimán, y antes de que empezara a tocar, introdujo a toda su banda, con la que ha viajado desde el año pasado por todo el mundo, y que sería su última presentación por un buen rato.

“Reina de Cumbia”, “Cumbia sobre el Río”, “Aunque no sea conmigo”, “Cumbia Sampuesana”, e inclusive “Los Caminos de la Vida”, fueron parte del setlist que venía repleto de clásicos. Y Celso, quien se le conoce por divagar en el escenario, se mantuvo concentrado y feliz de ver a tanta gente en el Monumento a la Revolución, de hecho, hizo una pausa para saludar a todos los que lo veían desde las azoteas de los edificios aledaños.

Lo curioso fue que justo cuando estaba terminando el set de Celso, las primeras gotas de lluvia empezaron a caer, y cuando dejaron el escenario, una fuerte lluvia comenzó a caer. Nadie dejó su lugar. Al menos no los que estaban hasta adelante.

Hubo un pequeño retraso de una media hora debido a la lluvia, pero el dúo conocido como Schlachthofbronx, salió a hacer lo suyo ante las cientos de personas que aguantaron la lluvia. Benedikt y Jakob, trajeron a México lo mejor del electronic-bass, y a pesar de que al principio la gente no parecía entender muy bien lo que estaban escuchando, después de un par de canciones, toda la gente empezó a bailar y a sentir esas resonancias extremas de las bocinas.

Después de pasar por unos 45 minutos de desplantes de música electrónica centrada en el bajo, Schlachthofbronx, quienes no pararon de sonreír durante todo su set, dejó el escenario, y una vez más, empezó a llover; como si el clima supiera cuando terminaba cada artista.

La espera por Nortec Collective: Bostich + Fussible se hizo más larga, y entre la lluvia y la cantidad de gente que se había reunido en el Monumento a la Revolución, comenzaron a sonar silbidos y gritos mentando madres. La gente se empezó a subir a los postes, y lo peor llegó cuando unos jóvenes se dieron cuenta que se podían subir al techo de un edificio a ver mejor el concierto, pero no sin el reproche del resto de la audiencia, quienes les empezaron a aventar cosas y a gritarles de groserías.

Obviamente, la policía tuvo que intervenir, y después de 15 minutos, pudieron bajar a la decena de jóvenes que se habían subido al techo del edificio.

“Nortec, Nortec, Nortec, Nortec, Nortec”, empezaron a gritar todos, y cuando por fin se subieron al escenario el dúo de Tijuana, la verdadera fiesta de clausura comenzó. No había nadie que no bailara o al menos se moviera de un lado para otro. El ritmo combinado de las norteñas con la electrónica que Nortec inventó a principios del S. XXI, logró capturar la atención y los pies de todos los asistentes.

Lo mejor del set de Nortec Collective fue la aparición de Wolfgang Flür, el percusionista original de Kraftwerk, quien se les unió para narrar parte de una de sus canciones, y quien después de un cumplir con su cometido se despidió diciendo “los alemanes amamos a México y a su gente, muchas gracias”.

Apenas iban por los 30 minutos de sus set, y aún no sonaba la más coreada por todos: “Tijuana Sound Machine”, y cuando sonó, ya en la parte final de su presentación, la gente no paraba de bailar, gritar y saltar.

Sin duda, el cierre del Año Dual México-Alemania fue toda una fiesta, una que seguramente todos los asistentes, nunca olvidarán.