Hace 3 años Yann
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Me ha tocado ir a 3 ediciones distintas de la Noche Electrónica Alemana Mexicana, y debo decir que siempre he tenido experiencias gratas; sin embargo este año se rompió todo, la vara ha quedado demasiado alta y eso implica que va a ser difícil que lo superen el siguiente año. Más allá de verlo con pesimismo, lo veo con alegría, pues la edición de este año superó por mucho mis expectativas. Primero que nada quiero hacer una mención especial y destacar que el recinto es un hallazgo maravilloso. Con aspecto de una fábrica abandonada, decadente, y en ruinas, el lugar proponía una estética similar a los eventos del viejo continente, en contraposición al arquetipo del club impecable y de alta alcurnia.

Un par de días antes del evento, platicaba con un amigo y recordamos como hace años fantaseábamos con este momento; recuerdo exactamente sus palabras, al decirme: “Ojalá algún día podamos ver a Monolake en un fabrica abandonada, cómo esos eventos de la Raster Noton en Berlín…”. Probablemente parezca ventajoso decir algo así, pero es la verdad, y es por eso que lo comparto. El sueño se hizo realidad, 8 años después, pero se cumplió. Y no pretendo brindarle un significado más allá, sino que lo veo como una bonita coincidencia nada más.

Al llegar el lugar, acababa de terminar el acto de Turning Torso con Nima Ikki, y lo cierto es que me molestó un poco no haber podido llegado a tiempo, pero el caos que reina en la ciudad, me lo impidió. Después de explorar un poco el laberíntico venue, escogí un lugar desde dónde presenciar el transcurrir de la noche. Uno de los talentos que me resultó interesante, fue Los Niños, que hizo su debut del que se sabía muy poco; conformado por productores con un nombre asentado en la escena nacional, el trío encenció los ánimos de la pista de baile -que por cierto estaba llenísima- de cara a lo que se venía.

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En punto de la una de la mañana, el mítico Robert Henke se subió al escenario y arrancó con toda la fuerza posible; si tuviera que relacionar un concepto al sonido de este proyecto me quedaría con: frialdad. Sus secuencias sintéticas proveían el ritmo, al tiempo que tonadas atmosféricas y de drone, le imprimían el punto armónico, disruptivo pero armónico a final de cuentas. Algo que me resulta interesante sobre Monolake, es que las rítmicas de sus piezas, están trabajadas para poder asimilarse de una manera común: incitando al movimiento, pero su vez de manera lenta. Un aspecto que le ha brindado una originalidad impresionante a su sonido.

Todo sucedió demasiado rápido, o al menos así me pareció a mí, pero cuando terminó, sabía que no necesitaba más; que mis altas expectativas habían sido superadas con creces en todo sentido. No me queda más que aplaudir a todos los involucrados en esta plataforma, que nos dieron la oportunidad de vivir una noche memorable.

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