Hace 3 años Yann
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Uno de tantos dichos que a veces nos resultan familiares en el quehacer cotidiano, versa en torno a la diversidad de gustos y de cómo, por más rebuscada que sea la posibilidad, siempre habrá al que le parezca atractiva; todo esto basado en una probabilidad estadística con bases sólidas. Sin embargo, en cuestiones musicales -y probablemente en todos lados- hay una excepción, y es que por más afín que se sea a determinado género musical, siempre habrá sonoridades atadas a identidades emocionales diferentes. Por ejemplo, el funk, soul o incluso el disco, más allá de una esencia narrativa, tiene una predisposición a propiciar, sin error, una sensación de optimismo. Esto, seguramente se ve supeditado a interpretaciones, pero en lo personal, quiero creer que un sentimiento común.

Para aquellos que gustan de descubrir nueva música en plataformas como soundcloud o bandcamp como práctica común, es bien sabido que éstas, también, fungen como un aparato de dónde se puede escarbar de manera casi infinita en aras de conocer cosas nuevas que satisfagan este apetito. En una de tantas búsquedas di con un nombre, que captó mi atención desde el principio, sin tener ninguna noción de lo que podía aguardar detrás. Lo cierto es que lo resultados fueron tan satisfactorios, qué me di a la tarea de ahondar más sobre este personaje.

Aaron Velásquez es un productor oriundo de Nueva Jersey, mejor conocido bajo el alias de Flamingosis, cuyo trabajo a partir de una mezcolanza sonora que congrega una alta variedad de géneros; estamos ante una hibridación entre el hip hop, funk, e incluso disco; mismos que canaliza a partir  de una superposición de samples y secuencias rítmicas escogidas con precisión quirúrgica.

Sus piezas, siempre destilando un carácter energético, denotan un trabajo de experimentación a conciencia en cuanto a ritmos y tiempos por lo cual, se convierte en un excelente acompañante para la pista de baile. Un detalle interesante, es que su música tiene la propiedad de treparnos en un vaivén de sensibilidades, que va desde el polo más eufórico hasta el más melancólico, sin perder en ningún momento la propiedad que incita al movimiento y que, de una u otra manera lo define.

Estos últimos dos años han sido de mucho movimiento para Flamingosis, tanto por el lanzamiento de dos discos largos durante el 2015, como por una gira que lo llevó, incluso, a hacer una parada en el legendario club Low End Theory de Los Ángeles. Sin embargo, su tiempo no se ha visto mermado como pensaría cualquiera pues recientemente presentó un nuevo disco (titulado Bright Moments), conformado por 15 temas inéditos.

El proceso de creación del disco, se dio durante la época en la que Velásquez vivía en Brooklyn y se dedicaba a ir a comer a bodegas donde preparan sandwiches, y empezaba Shazamear el lugar en pos de conocer más de la música que ahí ponían, para después samplear las canciones que más le gustaran. Sin duda, estamos ante una práctica adecuada a la sencillez cotidiana que nos provee los frutos tecnológicos, que en ningún momento deben ser visto como una ventaja, sino simplemente como una herramienta más: un proceso. Un camino más, a los que ya de por sí existen.

Esta estilística a manera de collage sonoro a través del sample, se ha visto popularizada desde hace tiempo; en épocas recientes es a través de personajes como J Dilla, o Flying Lotus,  que se ha hecho presente; no obstante, cuando pareciera que ya se ha hecho todo y que no hay forma de darle la vuelta a un camino particular, surgen sorpresas que nos hacen replantearnos nuestras perspectivas.

(…) El soul y el funk tienen la característica de hacer sonreír a la gente, te provoca ganas de bailar, y eso es lo que quiero que la gente sienta.

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Probablemente, Flamingosis sea un ejemplo más del retro futurismo en la música, pues su trabajo nos presenta una mezcla homogénea de música de distintas épocas, extrapolada a los procesos de producción actual y aderezada con elementos propios de la cultura popular de su generación, sea de manera estética con fin particular, o cómo un modo de brindarle familiaridad sus productos; de impregnarle un poco de su esencia.

Lo cierto, es que al paso de las épocas, todo pasa por zonas de evolución, reinterpretaciones o adecuaciones de acuerdo a las necesidades o al enfoque. Particularmente en la actualidad, las facilidades tecnológicas y los choques culturales en términos de globalización han nutrido el potencial creativo de las nuevas generaciones, dando pie a un terreno para la exploración.

Este suceso es algo que no debe tomarse desapercibido, ya que nos permite ser partícipes de una transición sin precedentes; nos presenta un vistazo a el futuro y hacia donde están encaminados las nuevas posibilidades, en cuestión de producción y concepción. Esto, nos hace poner en perspectiva llenos de intriga, y preguntarnos: ¿Qué será lo que se escuche en 50 años? ¿Qué será lo que defina a esta época que estamos viviendo, cómo en su momento lo fue el jazz, rock, o el disco?

Será cuestión de prestar más atención nuestro entorno, y a cómo nos relacionamos con él, para cristalizar una visión cada vez más concreta.

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