Hace 3 años Di

Finalmente fue la ceremonia del Premio Nobel 2016, la rueda de la fortuna emocional y mediática que fue este año, ha llegado a su fin, no sin antes darnos un último momento de qué hablar. Sin embargo, fuera del discurso que envió Mr. Dylan a la academia sueca, el cual fue leído por la embajadora estadounidense en Suecia, Azita Raji, quien se llevó la ovación de pie, fue Patti Smith.

Lo memorable de la actuación de Patti Smith, no es que fuera perfecta (que lo fue de una manera muy inesperada), sino que lo que la llevó a esa maravillosa perfección fue que se equivocó, a la mitad de la segunda estrofa de “A Hard Rain’s Gonna Fall“, detuvo la música con una disculpa y la petición de comenzar de nuevo. ¿Se le olvidó la letra? Eso es lo que parecía.

En ese momento, todos fuimos Patti, todos hemos sido Patti, todos tenemos un recuerdo de sentir el fracaso y la humillación correr por nuestras venas. Verla fue simplemente conmovedor, adorablemente conmovedor, a mi, me llevó casi a las lágrimas, no por pena ajena, sino por compasión, compasión hacia una mujer que a poco de cumplir 70 años, que ha actuado frente a miles de personas y es una leyenda por si misma, pero estaba genuinamente, muy nerviosa. Y es justo ahí, donde se forman los vínculos con ciertos artistas (los mejores), vínculos forjados en empatía.

El 14 de diciembre, Patti (la siento tan cercana que ya puedo tutearla) escribió para el The New Yorker sobre su experiencia, nos lleva por un recorrido desde que la academia sueca se acercó a ella para cantar en la ceremonia sin saber que Dylan sería premiado, su mañana del día de evento,  que realmente no fue que se le olvidó la letra de la canción y todos los sentimientos que siguieron a su actuación.

As I took my seat, I felt the humiliating sting of failure, but also the strange realization that I had somehow entered and truly lived the world of the lyrics.”

Pocas personas utilizan las palabras como ella, tan complejas como cualquier mente humana y sencillas como los mejores escritores, pienso en sus dos libros que son una belleza y guardo con cariño en mi corazón.

Así terminó la locura que fueron los Premios Nobel 2016, cerrando con la hermosa frase que finaliza su carta: Seventy years of moments, seventy years of being human.”