Hace 3 años Di

Harry Potter está de regreso, a mediados de año se estrenó la obra de teatro Harry Potter & the Cursed Child  y el 18 de noviembre se estrena Fantastic Beasts, que si bien es una historia spin-off, vive dentro del mismo universo.

Nuestro pequeño héroe y el mundo en el que en el fondo (o no tan en el fondo) muchos quisiéramos vivir, está musicalizado a la perpetuidad por la maestría de John Williams – mientras escribo esto suena en mi mente el ya clásico tema de las películas https://open.spotify.com/track/1n8NKQRg8LVHy7oUhUgbFF – y su maravillosa habilidad de lograr una identidad musical completa e inamovible con unos pocos segundos (o notas) de música. A las filas de la música de Harry Potter se sumó el también impresionante Alexandre Desplant en las 2 últimas entregas. Sin embargo no voy a meterme en el score, si no en los 2 momentos en los que el rock entró en el mundo creado por JK Rowling.

Harry Potter and the Goblet of Fire

En los libros, siempre existió la referencia de bandas imaginarias con canciones de títulos excéntricos. Fue The Weird Sisters la que cobró vida, y así como el cast de las películas, la banda encargada de tocar en The Yule Ball está conformada por pesos pesados de la música británica: Jarvis Cocker y Johnny Greenwood (además de Steve Mackey de Pulp, Phil Selwey de Radiohead, Jason Buckle de All seeing I y Steve Claydon de Add N to (X)). Son pocos los minutos en pantalla de la banda (en el corte final de la película salen menos de un minuto), vestidos como una suerte de glam metaleros de los años ochenta y lord of the dance. Los movimientos de Cocker son inconfundibles. Realizaron 3 canciones para el soundtracks: Do the hippogriff, Magic Works (balada obligada) y This is the night (personal preferida).

Harry Potter and the Deathly Hallows pt 1

Mi momento favorito quizás en toda la saga, es parte de la penúltima película y curiosamente no aparece en el libro. Las cosas son así: Harry y Hermione están solos, desmoralizados y deprimidos, apenas y se escucha en la radio que suena una canción, una canción que es parte del Abattoir Blues/The Lyre of Orpheus de Nick Cave and the Bad Seeds, en ese momento Harry decide que es pueden tener un momento de recreación, donde pueden bailar, divertirse, olvidarse de los Horocruxes y de Voldemort, pueden reír y ser ridículos. Siempre que veo esta escena, se me hace un nudo en el estómago, porque Harry Potter nunca se sintió tan real, con “O Children” que conjuga la desolación del momento y ese extraño brillo esperanzador, en un contrapunto perfecto, habitual de las composiciones de Nick Cave y Warren Ellis:

Hey little train! We are all jumping on

The train that goes to the Kingdom

We’re happy, Ma, we’re having fun

It’s beyond my wildest expectation