Hace 1 año Yann
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Si el hecho de que sus piezas estén a un nivel musical muy avanzado, (incorporando por ejemplo: melodías complejas, así como pausas y secuencias rítmicas muy estudiadas) no es suficiente para admirarlo, William Yates cuenta con otras cualidades bajo la manga por las cuales ser puesto en un pedestal creativamente hablando.

El músico multiplataforma nativo de Bristol, Inglaterra, tiene la portentosa habilidad de saber tocar con maestría inusitada, alrededor de 11 instrumentos distintos. Y es que de cierta manera es entendible; lo que muchos no saben, es que William creció bajo el seno de una familia de artistas, donde la música era parte de la cotidianeidad más natural. Influencias en cuanto a composición de música clásica, tendencias de orden minimalista, e incluso grunge y electrónica, fueron inclinaciones que permearon su devenir creativo, y que ahora podemos apreciar atónitos aunque con un mayor grado de comprensión.

Memo

William también, gusta de realizar exhaustivas investigaciones a la hora de crear y es por eso que sus producciones cuentan con matices conceptuales, con una historia sustentada detrás, en el área de inspiración (estímulos internos y externos). Por ejemplo: durante la realización de su primer álbum, I Sleep. At Waking, viajó a una cabaña en medio del bosque, supuestamente maldita; tiempo después del lanzamiento, él mismo refirió, que hubo momentos en donde escuchó ruidos de extraños, y que algunos de éstos, son parte del producto final a manera de samples, minuciosamente manipulados, claro está.

Hace cosa de días presentó un nuevo disco titulado Chime Hours mediante el sello Black Acre, y a pesar de que hasta el momento no puedo afirmar que exista o no una historia especial referente a la consecución de este material, tuve la oportunidad de escucharlo de manera íntegra.

Memotone, dejó, desde el principio muy claro, cuál es su carácterístico estilo; donde congrega sonidos armónicos neoclásicos mezclados con field recordings, dentro de estructuras rítmicas a veces inconexas y otras precisamente encadenadas; todo esto sin perder de vista sus atmóferas ambientales de carácter melancólico. Escuchar su música, puede materializar ficciones diversas; a mí particularmente me presenta visiones de ceremonias arcanas y rancias conjuras que se desvanecen en las sombras con prontitud.

Es importante añadir que estas amalgamas, se prestan mucho a la experimentación, a la adición de una infinidad de componentes nuevos y eso se ve reflejado en el mismo. En Chime Ours, utiliza un ingrediente como común denominador, dándole una magnitud mucho mayor, que en pasadas entregas: el caos. Yates le imprime un carácter errático, a la mayoría de la producción, donde cada pieza del rompecabezas, rompe estructuras en todo momento. Probablemente esto no sea algo raro tomando en cuenta el conocimiento previo de su trabajo, sin embargo es pertinente puntualizarlo de a manera de diferenciar sus cambios de perspectiva, así como su propio crecimiento personal.

¿Se puede, entonces, considerar a este disco como un sonido más maduro en términos de composición y creación?

El disco demuestra sin duda una evolución, o al menos un intento por explorar diferentes caminos a los mostrados otrora, pero asimismo, nos deja entrever que existe una pauta enorme por descrubrir y explorar dentro de ese vasto terreno de posibilidades; es por eso que es difícil determinar si es un sonido más maduro o no, probablemente haya que esperar un poco, e ir siguiendo puntualmente su travesía de autodescubrimiento para poder llegar a esa reflexión en retrospectiva, o al menos eso creo yo. Es justamente este recorrido el que me llena de expectación.

Puedes escuchar completo el disco aquí:

Puedes adquirir Chime Ours acá.