Hace 2 años Yann

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– a veces sueño con juegos de luces que se elongan y se pierden en la negrura…

Existe una fase dentro del sueño en la que se está dentro de un limbo; es difícil saber si se trata de un período efímero o sí se trata de un momento que se maneja bajo parámetros de tiempo ajenos a los que se coinciben en la cotidianeidad, en dónde se puede ser partícipe de ensoñaciones de orden tan vívido, que parecieran arañar las superficies de lo que conceptualizamos como realidad.

Al hablar del páramo onírico generalmente surgen interpretaciones que remiten a los temores, a los deseos, y a las emociones, así como su inexorable relación con vivencias significativas tanto reales, como ficciones construídas por nuestra propia psique. Creo que más allá de proveer a éstas de un significado plano, pocos tantean la posibilidad de apreciarlas por su propia materialidad, por la belleza de escenarios que probablemente no volvamos a presenciar y que serán consumidos por nuestra memoria de una manera tan súbita que roza en un automatismo. Un detalle que más allá de atormentarnos, nos debería de hacer sentir agraciados por lo siguiente: una vez leí por ahí, que algunas de las visiones más majestuosas que podemos presenciar se gestan en los sueños, de manera fugaz, y a veces inconsciente. Y probablemente sea cierto, en parte, aunque pienso que depende mucho de la interioridad de cada cual; es un mar espeso y turbulento de posibilidades.

Cuando se habla – o se investiga- sobre acompañantes sonoros que pueden ser categorizados como sugestores o que se relacionan a los sueños de alguna forma, podemos darnos cuenta que existen toneladas de material alrededor de esto, y sería injusto descartar alguno – aunque quisiera-. Estamos pues, ante un terreno donde reina la subjetividad. En otras palabras hay piezas o aleaciones auditivas que pueden despertar conexiones perceptivas dormidas, que nos transportan a los rincones más profundos de nuestra mente aunque sea de forma parcial. Es por eso que esto depende mucho de nuestra singularidad. Una de las cualidades más extravagantes que tenemos, por el simple hecho de ser irrepetible; infinita.

En mi percepción, a lo largo de años de recorrido y descubrimiento constante, he dado con algunas obras que reúnen uno o varios atributos para, no sólo apreciarlas de manera sensorial, sino dar la sensación de que bien podrían sonorizar uno de estas escenografías mentales.

Elementos recurrentes rondan estas visiones quiméricas que me maravillan. Obscuridad, melancolía, y sensibilidades atmosféricas se mecen y se condensan con sincronía inusitada para dar pie a composiciones como estas: