Hace 4 meses Iñigo Piñeiro

El pop está perdiendo prestigio. Es lógico, ya nada es lo que fue. Vivimos en una era de continuo reciclaje y ni así logramos revivir la audacia y autenticidad del pasado. Pero no confundamos el desencanto con la nostalgia. Ya no hay manera de escuchar a los Beatles o a Pink Floyd sin ahogarse en la peste a naftalina.

Por eso hay que reivindicar con todo el entusiasmo a los que mantienen la llama viva. Son pocos, pero su mérito es indiscutible. No es fácil destacar en un tiempo que ha convertido a Childish Gambino en el epítome de la modernidad o al infame Jack White en guardián de las esencias rock.

Estos 10 discos editados en 2018 nos dan un repiro. Algunos son más intrépidos que otros, pero todos tienen dos cualidades básicas: franqueza y actualidad. Y eso, en la era de la apropiación y el oportunismo, es mucho.


Ben Howard – Noonday Dream

Aunque no lo parezca, todavía hay vida inteligente en Inglaterra. Además, con este disco contenido, pero indómito, Ben Howard demuestra que la ambición no está reñida con la sencillez. Sus canciones destilan una nostalgia evanescente que parece añorar un futuro que ya no fue. No necesita sobrecargar la producción ni llenar de referencias líquidas sus canciones para sonar genuinamente moderno. ¿Ya lo escuchaste, Thom Yorke?

Janelle Monáe  – Dirty Computer

El hip hop lleva un buen rato canibalizando la música negra y necesitamos vías de escape. Si no, corremos el riesgo de encerrar en el ghetto un siglo de hallazgos. Lo último de Janelle Monáe no tiene nada que no tuviera un disco de Prince hace 30 años, pero rememora brillantemente ese dance-funk exuberante que tantó ayudó a remodelar el pop cuando más lo necesitaba.

 

Kadhja Bonet – Childqueen

Soul cósmico tan elegante y acogedor que hasta se puede disfrutar sin drogas. Las canciones de Kadhja tienen el punto justo de misterio sin caer en la condescendencia hippie ni los vapores pachulí de café lounge. A veces se pone un poco lánguida y a algunos les molestará tanta solemnidad, pero la chica ha hecho un discazo.

 

Khruangbin – Con todo el mundo

Un trío de inquietos texanos enamorados del folclor tailandés, la cadencia subsahariana y la guitarra santanera. Increíblemente, la mezcla funciona. Y aunque hay mucho de diseño en su exotismo chic, no puedes evitar reirles (y bailarles) todas las gracias.

T. Hardy Morris – Dude, The Obscure

Es una suerte que este hombre no logre ser feliz, porque es de esos músicos que convierten la amargura en lucidez. Y lo mejor es que ni lo pretende ni contagia la tristeza. Tan solo se dedica a hacer canciones sencillamente profundas. Y al revés.

 

Laurel Halo – Raw Silk Uncut Wood

En su disco más ensimismado, la perversa Laurel Halo ahonda en su enigma. Mi teoría es que renuncia a jugar en la primera división de la electrónica con la inconfesa intención de reescribir las reglas. Todo en el monumental Raw Silk Uncut Wood está calculado al milímetro, incluso el vacío. Da un poco de miedo, pero cómo no va a darlo la intuición de la nada.

Michael Nau & The Mighty Thread 

Bajo el alias de Cotton Jones publicó un trío de joyitas de psicodelia lo-fi que pasaron injustamente desapercibidas. Pero Michael Nau no se da por vencido. Regresa añadiendo misticismo Harrison a la mezcla con la ilusión de convertirse en lo que Jim James pudo ser y no fue.  Así que las canciones, producción y arreglos de su nuevo disco tienen todo lo que necesitas para disfrutar del rock clásico sin sentirte un viejo trasnochado.

Nick Millevoi’s Desertion Trio – Midtown Tilt

Una de las mejores canciones de este disco fascinante se llama “It’s a hard world for little things”, un sarcasmo  que define la música de Millevoi por contraste: el virtuosismo jazz se adapta aquí al formato rock en piezas intrincadas, pero apasionantes. No apto para puristas de género ni reaccionarios en general.

Kamasi Washington – Heaven and earth

Estoy radicalmente convencido de que si Dios existe, este es su disco favorito de la historia de la humanidad. Escúchalo y atrévete a negarlo.

John Prine – The Tree of Forgiveness

Ese señor viejo y cansado que ves en la portada sigue siendo uno de los mejores compositores americanos. Menos complaciente que Willie Nelson y más cercano que Kris Kristofferson, el venerable John no pretende sorprender a nadie a estas alturas: sucece que al country gentil de siempre añade un punto de achacosa vulnerabilidad que emociona casi sin querer.