Hace 1 año Yann
space-saraswati

“El taciturno Kawabata Makoto termina su brocheta de camarones y pulpo con salsa de habanero, en una azotea de la ciudad de México en la colonia aledaña al metro Popotla; con cerveza en mano y una desgastada playera de Sun Ra, pasa -parcialmente- desapercibo, siendo partícipe de aquellas bellas puestas de sol que tiñen de naranja el cielo de la ciudad. Es vox populi que los asiáticos, y propiamente los japoneses son personajes retraídos y solitarios, y aunque Kawabata encaja perfectamente en esta tesitura, algo me dice que en realidad no lo es tanto, que su máscara no está tan amarrada como la de otros; entonces me atrevo a hablarle.”

Esto sucedió hace casi un año, un par de días antes de su aclamada presentación presentada por Hiroshima en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, en una parrillada atípica pero divertida; fui ahí que tuve el placer de convivir y de cruzar unas insignificantes palabras con una leyenda de tal magnitud. Kawabata dejó maravillado todo el que estuvo presente aquella noche marzo del año pasado. Probablemente nadie imaginaba que regresaría casi un año después, bajo su faceta creativa principal: Acid Mothers Temple.

Se acerca uno de mis festivales favoritos en suelo nacional, se trata ni más ni menos, que de Nrmal. Éste tiene la particular característica de brindarnos una diversa gama de propuestas de géneros varios, que se desenvuelven aún, dentro de un espectro un poco más lejano a la superficie, que los artistas que vienen a otros festivales. A Nrmal se le puede -debe- denonimar como un festival de descubrimiento. Y esto lo digo porque más allá de aderezar sus carteles con proyectos legendarios como Simeon Coxe (Silver Apples), Swans, o en el caso de este año, SlowdiveAcid Mothers Temple, el line up está generalmente plagado de proyectos poco conocidos. Al menos, viéndolo desde un lente personal, siempre que he asistido, pero quedo al final del día con varias gratas sorpresas.

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A lo largo de más de 20 años de carrera, Acid Mothers Temple, ha acumulado una infinidad de discos, colaboraciones, y presentaciones, transcurriendo a través de múltiples cambios de alineación o de nombre. Su característico estilo de rock psicodélico experimental, nos sumerge en universos donde discurre la tensa calma previa a la irrupción; previa a un vendabal particular; donde los sintetizadores espaciales nos pintan páramos ácidos y perennes. Donde la disonancia reina y es hermosa, desde todos sus ángulos.

AMT será sin duda una de las cartas más fuertes de festival, pero además de exhortar a los lectores a no perderse tan maravilloso acto, tambien les planto una formal invitación a no olvidarse de los proyectos que no conocen. Probablemente se lleven una sorpresa, como yo.

A continuación -como ya es costumbre- los dejo con algo del trabajo de esta mítica agrupación, por si no lo conocen a fondo, o por si quieren disfrutar un rato de su esencia sonora.