Hace 2 años Navorski

IMG_6800“Es muy importante para nosotros que los mexicanos sepan que Donald Trump no habla por todos…” gritó con rabia Justin Sane, vocalista de Anti – Flag el domingo pasado en su presentación en la Ciudad de México y agregó “…de hecho, queremos que ese señor se pudra” remató.

Entre estoperoles, chalecos de mezclilla, pines y un sabroso hedor a hierba mala, la banda originaria de Pittsburgh se presentó en la última fecha de conciertos gratuitos que celebraron los cincuenta años de Vans e iniciados desde el miércoles.

Los estadounidenses cerraron el escenario en el que también hicieron de las suyas los candienses Fucked Up, los surferos californianos de Wavves, los venezolanos Cardiel y los nacionales Seguimos Perdiendo y Chingadazo de Kung Fu en un festival exprés de punk, de mala educación pero, extrañamente, de hermandad.

Canciones  que recorrieron los más de veinte años de carrera de Anti – Flag sonaron y fueron coreados a grito ferviente entre los asistentes que ocuparon la cancha del Deportivo Octavio Paz en Plateros al Poniente de la Ciudad de México.

“One Trillion Dollars”, uno de los temas más conocidos de la banda el cual ironiza sobre el poder que tiene el dinero por encima de la vida humana,  fue uno de los momentos más conmovedores y una de las canciones más vitoreadas.

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A base de puños alzados, slam y gente volando en una demostración cuasi-olímpica de esa disciplina denominada crowd-surfing que se alimentaba de la puntiaguda distorsión de la guitarras y saltos de longitud por parte de los ejecutantes en los instrumentos, la noche empezó a caer fresca y a exaltar el orgullo punk de los asistentes.

Antes de cerrar, los “Sin-Bandera”, soltaron un “Si no fuera por los enormes The Clash, no estaríamos aquí” para después regalar a la audiencia un cover a la clásica “Should I Stay or Should I Go” que también fue ovacionada por los asistentes para después dar paso al momento cumbre en el que Pat Tethic bajó con su batería y tocó entre los asistentes.

El Deportivo se vació por completo en menos de 30 minutos después del ultimo acorde de Anti – Flag y la noche acabó tranquila. Debido a que era un espacio público y la entrada era libre, no se vendió alcohol pero con la energía que se desbordó sobre el escenario y debajo de él, no hizo falta.

IMG_6825Es curioso que la escena punk ha sido siempre etiquetada como violenta y degenerada cuando en ocasiones, no es así. Por supuesto, no faltan los golpes, los empujones y las patadas típicas de un concierto, pero esta tarde, familias completas con bebé y todo, disfrutamos de una tocada punk sin preocupaciones. Algunos tipos que se consideran más-punk-que-otros tachan a Anti – Flag de ser una banda muy fresa. Sin embargo, al menos el domingo, nos regalaron una dosis de la rebeldía, irreverencia y encanto que hace falta en el día a día de nuestro país.

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