Hace 2 años Yann
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Aún me acuerdo perfectamente de la primera consola que tuve, corría el año de 1997; algunos de los que hayan tenido más conciencia que yo – que sólo tenía 8 años – en esos tiempos, lo recordarán por el asesinato de Biggie, aunque yo lo recuerdo como un año especial, estaba en segundo de primaria y todo era simpleza. El único contacto que tenía con los videojuegos, era por el Gameboy de tabique (que aún conservo) que me había regalado mi abuela.

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En esas épocas para mi era impensado tener una consola, es más, no tenía tanta noción sobre ellas, no tenía ningún conocido cercano que las tuviera, aunque para ser sincero ya empezaban a florecer tempranos rasgos de mi personalidad introvertida pues tenía sólo 3 o 4 amigos.

Durante uno de tantos viajes que hice con mis padres a visitar varios tíos que vivían en provincia, tuve la oportunidad de sostener entre mis manos el control del clásico NES (primera edición de consola de Nintendo) y jugar con él, Duck Hunt durante un buen rato. Era una experiencia única en aquellas épocas, sostener una pistola de plástico naranja gigante, y probar tu puntería directamente hacia la televisión. Tengo entendido que se rompieron varios paradigmas respecto a los videojuegos y la capacidades digitales, con ese juego, al menos en el plano comercial. Otro juego que tenía mi tío era: Super Mario Bros 3, un clásico de todos los tiempos y hasta la fecha mi favorito de toda la saga. Hace no mucho lo volví a jugar, y me trajo a la mente recuerdos de muchas desveladas. Una de ellas por graciosa que parezca fue que mucho tiempo después, estaba dormido, y de pronto alguien me despierta, ya pasada por mucho mi hora de sueño, y era ni más ni menos que mi papá que a fuerza de ensayo y error también se había picado con el juego y no podía matar a un jefe de un nivel. En pocas palabras me despertó para que le ayudara a pasarlo. Esto es una anécdota verdadera, y casi 20 años después me sigue haciendo reír cuando me acuerdo.

Super Mario Bros 3 era juego con muchísimos niveles y posibilidades jugabilísticas, múltiples disfraces, entre otros detalles. Una verdadera joya. Cualquiera que lo jugó se hizo fan de inmediato.

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Me pasé casi todas las vacaciones pegado al sillón, y no tardé mucho en agarrarle el modo, el control era cómodo hasta cierto punto y tenía destreza en el asunto aunque dos semanas no fueron suficientes, probablemente cuando fue hora de regresar sólo había pasado un mundo. Claro, tomemos en cuenta que esos tiempos no conocía el bonito truco de la flauta mágica, para teletransportarse a otros mundos en un segundo.

Cuando llegó ese fatídico momento es que teníamos que regresar, en que tenía que regresar a la realidad de jugar en el mundo real, ya se imaginarán lo devastado que me sentía, recordemos que en la visión de un niño muchas de esas cosas se viven como tragedias. Al verme en ese estado, no sé si fue lástima o si fue el plan desde el principio, pero mi tío me esperó hasta que no estabamos yendo para regalármelo, con pistola, juegos, controles, todo el paquete. Ya se imaginarán mi reacción. Lo recuerdo como uno de las mejores memorias de esos tiempos y como el punto de partida hacía mi posterior recorrido y afición a los videojuegos.

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