Hace 2 años Digger

Había poca gente en el Foro Normandie a las 10 de la noche, pero, tratándose de NAAFI, esto no era ningún fracaso. Al contrario, es en las distancias cortas que se nota la grandeza de este sello que no ha hecho más que ir para arriba. El “hyper-rave” de Wasted Fates le daba a la noche una onda como de futuro distópico. El escenario del enfrentamiento era un sótano construido a base de costales de harina, como un búnker previniendo la violencia que vendría.

Apenas pasaban de las once cuando el chileno Paul Marmota salió para entregar un set destructor que brincó del reggaeton al tribal, de lo nuevo a lo ancestral y de lo global a lo autóctono. Dándole prioridad a las percusiones, Marmota empezaba a atraer a los feligreses como la luz atrae a las moscas. Algunos ya empezaban a dejar el cuerpo en la pista. ¿Cuántas palomas de vodka iban a necesitar para llegar a la madrugada?

Cuando Zakmatic alcanzó a Paul Marmota detrás de la mesa, supimos lo que venía. Con su peinado como de hada diabólica, Maluca subió al escenario exigiendo que le subieran el volumen a su micrófono. “Esta noche se baila. Tonight we make love”. Maluca imponía a base de gritos su mensaje de amor y violencia entre hit y hit, en un set corto pero complaciente que incluyó su conocida colaboración con Future Brown, “Vernáculo”, y “El Tigeraso”, el tema que la catapultó a su estatus de leyenda.

Apenas se bajaba Maluca y Lao ya estaba detrás de la mesa, comenzando un set de global bass en el que importó menos el beat que la deconstrucción cerebral de los elementos constitutivos de la “música de club”, con sus habituales concesiones al pop de artistas como Britney Spears y RBD. Al final, su participación se sintió menos como un set de baile que como un ensayo académico sonoro.

Ya habíamos visto a la estrella Mykki Blanco rondando por la fiesta, pero cuando Zakmatic regresó a la mesa tras la salida de Lao, entendimos que la violencia estaba a punto de estallar. Sin embargo, el rapero subió a la tarima con toda la dulzura del mundo. “I wanna be loved by you, just you, nobody else but you” cantaba Blanco haciendo su numerito de Marilyn Monroe. De cualquier forma, la violencia no tardó en llegar, en temas como el hit “Coke White, Starlight” y una canción nueva. Las rimas escupidas a la cara de los asistentes se prolongaron durante más de hora y media y, a pesar de la agresividad, se sintieron como una declaración de amor.

El rapero salió pero Zakmatic se quedó a tomar las riendas de ese viaje desenfrenado hacia el futuro que NAAFI emprendió hace ya rato y que no parece que vaya a terminar pronto.

Texto por José Luis Rangel