Hace 2 años Andrés

Las luchas políticas e ideológicas en el último tercio del siglo pasado habían mermado, es decir, se dejó de lado las armas y el enfrentamiento directo para orientarse hacia la guerra mediática y discursiva. En el ámbito ideológico, el capitalismo se asentó –paulatinamente- como la doctrina esencial y con ello el consumismo, el individualismo y el hedonismo fueron tendencias rectoras de la sociedad; aquello permitió romper códigos y estructuras sociales antiquísimas como el patriarcado y los valores de la institución eclesiástica. En el aspecto económico la prosperidad, la opulencia y el poder adquisitivo decayeron considerablemente; el boom socioeconómico de la posguerra había concluido.

En este panorama en donde se crearon nuevos paradigmas sociales y permearon las crisis económicas surgió la Generación X, ésta –que agrupa a los nacidos entre 1960 y 1980- no fue contestataria, más bien apática a los problemas, sin ilusiones, ni ambiciones profesionales, ni valores definidos o una ideología política en concreto; de ahí que Woody Allen afirmara: “Dios ha muerto, Marx ha muerto y yo no me siento nada bien”. La Generación X vivió constantemente en una negación del ahora –término acuñado por Douglas Coupland-, esto implica encasillar al pasado como el único tiempo que vale la pena vivir y al futuro como un período que podría resultar interesante.

Por consiguiente, Kurt Cobain se convirtió en uno de los estandartes de la Generación X porque otorgó voz a ésta mediante su música y letras; su legado sirvió para defenderla de las múltiples críticas de la sociedad, medios de comunicación y política. Sus composiciones fueron conocidas mundialmente ya que éstas le dieron solidez y reconocimiento al grunge, no obstante, el libro Diarios –editado por Clara Drechsler y Harald Hellmann– no tan célebre como sus canciones, es una compilación de cartas a músicos, memorias, bocetos de letras y dibujos del compositor; la obra relata los inicios y desarrollo de la carrera musical de Cobain, pero también los anhelos, miedos, frustraciones, inclinaciones políticas e ideológicas del interprete al fiel estilo de la Generación X. En la primera carta del ejemplar Cobain advierte:

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Una de las peculiaridades de la Generación X es la constante crítica hacia ellos, especialmente de padres a hijos; la brecha entre ambos fue enorme: los primeros tuvieron un amplio poder adquisitivo e inmejorables empleos, los otros –por su parte- exiguos ingresos y trabajos temporales. Los padres acusan a sus hijos de incultos, apáticos y enajenados, por su cuenta, los hijos tildan a sus progenitores como pedantes y conformistas. En este sentido, Cobain cataloga–en una de sus reflexiones incluida en el libro- a su generación precedente –los baby boomers– como los mayores hipócritas, yuppies y conformistas en la historia, debido a que ellos tuvieron el cambio social tan cerca y se dieron por vencido tras unos pocos esfuerzos fructíferos de los medios y el gobierno para desvirtuar su movimiento. De la misma manera en una carta dirigida a los niños en general, Cobain etiqueta la generación de sus padres como machista porque ellos enseñaban valores de inferioridad a los hombres frente a las mujeres; aquí dicha carta:

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El denominado McJob –término aludido por Dougplas Coupland– caracterizado como el trabajo mal pagado, sin prestigio, sin dignidad, sin futuro y en el sector de servicios, es una de las peculiaridades de la Generación X. Es vasto conocido el paso efímero de Cobain como conserje en el colegio donde estudió, sin embargo, en el libro Diarios ofrece otro de sus McJob como servidor de limpieza junto con su inseparable amigo, Krist Novoselic; en éste –llamado Pine Tree- ofrecieron la limpieza de oficinas comerciales con precios 50% inferiores a otros sistemas. Aquí un boceto del folleto a repartir de la empresa Cobain/ Novoselic:

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Asimismo, el libro resulta un catálogo de referencias en torno a los inicios, influencias y desarrollo de la vida musical de Cobain y Nirvana. Por ejemplo, Cobain cuenta dos versiones en su iniciación como guitarrista: la primera estriba en que su tía le regaló de su cumpleaños una guitarra slide hawaina azul, un amplificador y unos álbumes de The Beatles, ello le permitió –en sus palabras- desarrollarse musicalmente. Otra historia relata sus inicios como baterista durante los 10 a 14 años pero era rítmicamente lento, de manera que vendió algunas armas de sus padres y con el dinero obtenido se compró su primera guitarra de seis cuerdas; comenta que tan sólo con una semana de clases aprendió lo fundamental en la guitarra.

Con relación a Nirvana se observa una infinidad de documentos valiosos para los fanáticos y público en general. Entre ellos se encuentran cartas que envió a diferentes intérpretes donde se expone los primeros acercamientos de Nirvana con la escena grunge de Seattle, por ejemplo, su relación con su primera casa discográfica –Sub-pop-. Asimismo bocetos de canciones inéditas como Downer, Paper cuts, Floyd the Barber, Hairspray, Mexican seafood, Aerozeppelin, igualmente esbozos de letras celebres como Lithium, Come as you are, Im Bloom, hasta el primer bosquejo de su gran éxito Smell like teen spirit.

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El libro también es un amplio sumario de datos personales de Cobain desde como sus aficiones, su adicción y constante lucha contra la heroína, su profundo amor a Courtney Love y algunas tiras cómicas dibujadas por el intérprete; por ejemplo, entre sus bandas favoritas fueron: The Vaselines, The Breeders, The Pixies, Cramps, Black Flag, R.E.M., Public Enemy, Velvet Undergroung y sus publicaciones musicales y fanzines preferidas fueron: Fact Sheet Five, Twin Tone, Bikini Kill, Alternative Press o Your Flesh. En cuanto al tema de la heroína, indicó los inicios del consumo de esta sustancia para curar fuertes dolores de una extraña enfermedad estomacal que padeció toda su vida, su posterior adicción y las persistentes rehabilitaciones para dejarla. Adjunto algunas divertidas viñetas de Cobain:

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La obra Diarios de Cobain ha sido elogiada por la crítica y fuertemente enjuiciada por los fervientes fanáticos porque opinan una falta de respeto a la vida privada del músico; no obstante, más allá de entrar a la discusión entre alabar o juzgar el libro éste me sirvió para romper las investiduras del personaje histórico, mediático y como estandarte de una generación. De ahora en adelante quiero recordarlo como un individuo que utilizó la música para intentar vencer los demonios de la depresión, un magnifico guitarrista, un gran compañero de banda y un ferviente enamorado de Courtney y de su hija; al mismo tiempo como alguien humorístico, sarcástico, contestatario, obstinado, depresivo y dependiente de las drogas.

Cobain expone constantemente su rechazo a las revoluciones, su postura en contra del sistema consistió en infiltrarse en él y a partir de ahí derrocarlo. Irónicamente, Cobain logró su cometido pero el sistema domesticó su manifiesto y movimiento y lo vació totalmente de sentido; el grunge se convirtió paulatinamente en un simple espectáculo de la industria con el único afán de vender. La prensa atacó sin piedad a Cobain por ser el foco mediático, el intérprete no supo lidiar con la presión, su adicción a las drogas y sus eternos demonios de la depresión lo llevaron al abismo; al respecto, él comentó: “¡Dios santo, no soporto el éxito! ¡El éxito! ¡Me siento tan increíblemente culpable! Por haber abandonado a mis verdaderos colegas, a los que son fieles de verdad, a los que ya nos seguían hace unos años”.

El “punk rock” –como gustaba llamarlo– era lo que más le gustaba en el mundo y asimismo significaba libertad para él; esa libertad la había perdido y se creía responsable de ello. Al final de su vida no podría disfrutar a su música, esposa, hija y colegas musicales, en otras palabras, estaba insatisfecho e infeliz. El escritor Vicente Verdú comentó sobre la Generación X: “…no tienden a manifestarse sino a desaparecer”; por su parte, Cobain se manifestó con fuerza pero prefirió quemarse que apagarse lentamente.

Referencias:

  • Kurt Cobain, ed. Clara Drechsler y Harald Hellmann, Diarios, Barcelona, Random House Mondadori, 2003.
  • Douglas Coupland, La generación X, Barcelona, Ediciones B, 1998.