Hace 2 años Navorski
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“To be or not to be?” el conocido soliloquio de Hamlet sonó al son de “Let It Be” de The Beatles mientras la corte y los personajes de la tragedia coreábamos la adaptación en la última función de Hay Algo Podrido en Dinamarca.

La adaptación de la obra de Shakespeare  llegó a su fin después de dos años. Los actores representaron por última vez una de las tragedias que tocan experiencias humanas universales como la venganza, el odio y la corrupción a través de una deconstrucción y reconstrucción.

Hay Algo Podrido en Dinamarca es una de las adaptaciones que la directora Marisa Gómez ha realizado al universo Hamlet y que buscan modificar la estructura de una obra escrita hace 400 años.

Una de estas es el espacio en el que se desarrolló la obra y en el que nosotros, el público participamos activamente. Casa Actum, la bohemia sede de esta última temporada, se transformó en la Casa Real de Elsinor. Con el escenario en medio de las gradas, fuimos parte de la corte durante el desarrollo de la trama, ondeamos banderas danesas y vitoreamos a la reina y al nuevo -y odioso- rey Claudio.

Incluso, unos minutos antes del inicio de la obra, un atormentado Hamlet se paseaba entre las instalaciones del recinto, entre las taquillas y el pequeño bar, recitando para sí líneas que no podíamos escuchar pero que a juzgar por sus lágrimas, eran homenaje a su recién difunto padre.

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El vestuario de los personajes era otra muestra de la mezcla entre lo clásico y la contemporaneidad buscado por Marisa Gómez: botas al mero estilo punk, estoperoles, cadenas y peinados modernosy pistolas se mezclaron en el castillo.

Ofelia, uno de los personajes clave, se conviritó en uno de los experimentos más aventureros de la directora al ser transformada en una mujer muda. La expresión de la hija de Polonio se reduce al lenguaje físico, exigiendo una capacidad dramática finamente desarrollada.

Otro innovación en esta adaptación es la música de The Bealtes interpretada en vivo. Temas como “Come Together”, “Here Comes the Sun”, o “Don’t Let Me Down” aderezaban la trama y logrando la conjunción de uno de los grandes íconos pop con el mundo shakesperiano.

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En cuanto a las actuaciones, cada papel cumplió el reto de imprimir la idea de la directora en personajes que cuentan ya con una idealización por parte del público. “Cada quién trae su Hamlet en la cabeza… es incluso una amenza a la seguridad personal recrear un personaje tan concebido” me comentó Francisco Mena quien interpretó al abrumado príncipe “Un texto como el de Hamlet, sobre todo con ese tipo de conciencia política que se puede aplicar tan bien en nuestro días, es una difícil empresa que se agradece”.

Hector Hugo Peña el nombre detrás del malévolo rey Claudio, realmente me cautivó debido a su expresión villana al igual que la cautivante y confundida reina interpretada por Itzia Zerón. Sin embargo, de rey a pueblo, los actores se llevaron los aplausos de la improvisada corte.

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Después de la obra, fuimos testigos de la develación de una placa y de la presentación de la producción en pleno, en una ceremonia un tanto melancólica atribuible al fin de la obra. Sin embargo, lo de los actores por le final no era tristeza, sino un dejo de satisfacción por haber llevado a flote un proyecto teatral en tiempos donde la sociedad ha olvidado este arte.

Es de agradecer riesgos como el de  Marisa Gómez como el que corrió con Hay Algo Podrido en Dinamarca. “Recuerdo que tras platicar el proyecto con los actores me preguntaron disimuladamente si me había pasado tres días comiendo pintura” me platicó la directora entre risas “pero el día del estreno, cuando cien personas se quedaron afuera del teatro, vieron que sí funcionaba el comer pintura… Creo que cuando uno sueña en grande y ese sueño sale aún mejor de lo que se esperaba es un regalo divino”.

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Darle un nuevo significado a Sheakespeare y adaptarlo a tiempos modernos dejando intactos los temas primordiales de su obra es, además de  una aventura de vanguardia y una forma de acercamiento al arte escénico, una forma de adaptar, imaginar  y concebir un inédito pasado.