Portadas que suenan: Tyler, The Creator y la nueva era visual en los Grammys

Chromakopia Chromakopia
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La nueva categoría de los Grammys acaba de cambiar las reglas: premiaron el arte gráfico de portadas. Tyler, The Creator es la primera ganadora por Chromakopia, cuya dirección visual corrió por su cuenta y del fotógrafo Luis Pérez. Aquí, el diseño ya no decora, define.

Chromakopia
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La portada como puerta al álbum

Durante décadas, la música tuvo una regla clara: antes de sonar, la imagen debía decir algo. La portada no es propaganda; es el mundo al que entra el oyente. Vinilos grandes, arte para tomar con las manos. Si la portada incomoda, el disco suele hacerlo también.

Una portada potente no ilustra canciones; condiciona el escucho, marca el clima, define el tono emocional. Algunas supervivientes son más memorables que los hits.

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De fundas marrones a la traducción visual

  • Inicialmente, los discos venían en fundas marrones y datos técnicos: objetos industriales.
  • En los 40 y 50, surgieron portadas con ilustraciones de jazz, blues y escenas urbanas. No buscaban vender, sino explicar.
  • Así nació la portada como traducción visual de la música.

Rock y la portada como identidad generacional

Con el rock, el álbum dejó de ser solo música y se volvió identidad generacional. La portada empezó a construir al artista más que presentarlo.

Cuando artistas plásticos intervinieron discos, la portada pasó de diseño a obra autónoma. Andy Warhol fue el primero en cruzar esa frontera con pop art aplicado al sonido. Y después llegaron Basquiat, Keith Haring, Salvador Dalí, Takashi Murakami y Banksy.

Portadas como The Dark Side of the Moon, Remaining Light, Californication o Bocanada se entienden desde el arte, no solo el diseño.

Portadas, scroll y memoria

Hoy, en la era del scroll, una imagen tiene segundos para existir. El concepto volvió a ser clave. Sin idea, no hay memoria. Lo minimal no es profundo por defecto. Lo bonito no es significativo.

  • Hay portadas que cumplen pero no transmiten.
  • Otras, incómodas, sobreviven décadas.

Que se reconozca una portada hoy no es nostalgia, sino aceptar que la música también se construye con los ojos. Cuando el arte funciona, el álbum no empieza en la pista 1: empieza con la imagen que no puedes sacar de la cabeza. El arte entendió que también puede escucharse. Y nos recuerda que la portada definitivamente no es el empaque del disco.

Lo esencial

Este Grammy para el arte de portada es histórico. Felicidades a Tyler, The Creator y Luis Pérez por recordarnos que la música también se lee con los ojos.

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