Hace 4 meses Andrés

La esencia de las treinta y dos narraciones del libro El día que la vea la voy a matar, de Guillermo Fadanelli, reside en la atipicidad de sus personajes: suicidas, sinvergüenzas, impúdicos o extravagantes son algunos ejemplos de los individuos personificados en dicha obra; éstos, a pesar de su singularidad y excentricidad, reflejan lo popular y vulgar, aspectos desdeñados por las sociedades de las grandes urbes. Así, ubicamos a los protagonistas de los relatos en lugares comunes como un puesto de hot dogs en “La posmodernidad explicada a las putas” o una tocinería en “Blue Velvet Drees”; asimismo, aparecen sitios ordinarios de la ciudad de México: el pintoresco metro de la metrópoli, la célebre calle Tacuba del centro capitalino, el complejo hospitalario Centro Médico o la Colonia Portales.

Y aunque parece lejano el año de 1992 cuando se editó por primera vez el ejemplar, éste es vigente porque las problemáticas abordadas en los relatos persisten en la actualidad; por ejemplo: la determinación de los personajes de “Macabeos” de poner fin a su vida insulsa refleja la desesperanza frente a una realidad; de la misma manera en “Madelaine” o “Blue Velvet Dress”, la fantasía de los protagonistas de tener una vida diferente muestra la pesadumbre ante la existencia. Otros asuntos afines son la violencia, el oportunismo e impasibilidad social o la decadencia de los valores. Y a pesar que dicho caleidoscopio manifiesta diversas tramas, la cúspide de ellas se representa con un individuo derrotado e indiferente que es característico de finales del siglo pasado.

Portada. El día que la vea la voy a matar, de Guillermo Fadanelli

Portada. El día que la vea la voy a matar, de Guillermo Fadanelli

Referido sujeto, recurrente en el trabajo de Guillermo Fadanelli, exhibe el segregacionismo del progreso humano; es decir: una parte de la población es ajena a los avances tecnológicos, a los beneficios del crecimiento económico o al bienestar social; este segmento poblacional, al menos el expuesto en la obra del escritor mexicano, se mantiene al margen del acontecer cotidiano: no son reivindicativos ni subversivos, simplemente apáticos frente al mundo. Por estas cuestiones y también por su prosa se asocia a Fadanelli con autores contemporáneos a él como Michel Houellebecq David Foster Wallace; mencionados literatos han abordado en sus obras un tema afín: el envilecimiento humano.

En este sentido El día que la vea la voy a matar critica, consciente o inconscientemente, a teorías vigentes aún en día; entre ellas, el individualismo. Esto, escrito con un humor negro y apegado a la literatura esperpéntica caracterizada por presentar una realidad deformada y degradada. Efectivamente, el libro distorsiona aspectos de la existencia pero esa peculiaridad ofrece un retrato que en ocasiones es inadvertido, uno donde el suplicio del prójimo desinteresa y se desvaloriza y relega lo desemejante; así la frase, extraída del ejemplar, “una sociedad como ésta solo podría haberse gestado en la mente de un enfermo” no es fortuita.

En el último relato del volumen titulado “Afrokola” apreciamos a un espectador quien contempla la decadencia de su presente. De esta manera figuro a Guillermo Fadanelli: un escritor lejano a los reflectores, apartado de los movimientos culturales y las tendencias narrativas, no obstante, con la mirada fija en lo coetáneo. Leerlo tiene sus inconvenientes: incomoda la crudeza de sus crónicas, sin embargo, ese rigor también es un vestigio de nuestra época; ahí la valía de El día que la vea la voy a matar: abroga, en cierta medida, el ofuscamiento acerca de los supuestos beneficios y progresos del avance tecnológico y científico, así como de la globalización.

El día que la vea la voy a matar de Guillermo Fadanelli es publicado por editorial MOHO. También se encuentra disponible en el catálogo de la Biblioteca Vasconcelos.