El 9 de enero, a través de Nettwerk Music Group, Mon Rovîa lanzó Bloodline, su primer álbum de estudio. El disco reúne 16 canciones que funcionan como una carta abierta sobre memoria, identidad, migración y resiliencia. Asimismo, esto lo consolida como una de las propuestas emergentes más sólidas del circuito internacional.
El proyecto toma como punto de partida su propia historia: una infancia atravesada por la guerra y el desplazamiento. Esto fue seguido de años de movimiento constante hasta encontrar un sentido de pertenencia. Esa experiencia se traduce en composiciones de corte atmosférico, arreglos sobrios y una producción cálida que prioriza la emoción sobre el artificio.
Más que un álbum conceptual, Bloodline es un recorrido personal que conecta desde lo humano. Previo al lanzamiento, el artista presentó sencillos como “Oh Wide World”, “Running Boy” y “Old Fort Steele Trail”. Estos temas adelantaron el tono introspectivo del material.
En el tracklist destacan cortes como “Black Cauldron”, “Pray the Devil Back to Hell” y la pieza que da nombre al disco. En todas ellas, su narrativa se mantiene directa y honesta. Así, invita al escucha a reconocerse en sus propias experiencias.
El estreno de Bloodline llega tras un año clave para Mon Rovîa. Su gira A Place To Gather registró sold outs en Norteamérica y lo llevó a escenarios de alto perfil como Bonnaroo, Austin City Limits, Newport Folk Festival, Boston Calling y el icónico Red Rocks Amphitheatre. También participó en iniciativas sociales junto a figuras como Sheryl Crow y Common. Así, reforzó el carácter humanitario que atraviesa su obra.
