Hace 3 años Digger

TextoAngélica Escobedo

Existen dos cuentos del escritor estadounidense Truman Capote que vienen a esta nota por la temporada navideña, tal vez prefieras los cuentos de Charles Dickens que son más esperanzadores y contienen todo el espíritu navideño moralizante, pero diciembre es más nostálgico y melancólico que alegre, al ser el último mes del año es imposible no recordar todo lo vivido. A lo mejor eres la clase de personas que odia la navidad porque todos son o creen ser felices; o quizás seas de las personas que aman estas fechas y que adornan hasta el cerillo con que prenden la estufa. Eso no importa realmente  porque la recomendación de hoy podrá sacar sonrisas, recuerdos y hasta llanto, según sea tu estado de ánimo decembrino.

UN RECUERDO NAVIDEÑO (1956)

La historia comienza recordando la cocina de la casa en que vivió Buddy con sus tíos y primos, su hogar era perfecto porque vivía con su mejor amiga y prima, una mujer de sesenta y tantos años que le había puesto ese sobrenombre, Buddy, por recordarle a su mejor amigo de la infancia. Las condiciones de vida y la falta cariño por parte de los otros integrantes no eran motivo de tristeza entre esta pareja, pues ambos disfrutaban de su compañía, además, siempre hacían labores de todo tipo que les proveían de dinero.

[…] El pasado verano, otros habitantes de la casa nos contrataron para matar moscas, a un centavo por cada veinticinco moscas muertas. Ah, aquella carnicería de agosto: ¡cuántas moscas volaron al cielo! Pero no fue un trabajo que nos enorgulleciera. Y, mientras vamos contando los centavos, es como si volviésemos a tabular moscas muertas.

Siempre dividían las partes y, al final de año, lo poco que juntaban era para hacer tartas y regalarlas a los demás.

La estufa negra, cargada de carbón y leña, brilla como una calabaza iluminada. Giran velozmente los batidores de huevos, dan vueltas como locas las cucharas en cuencos cargados de mantequilla y azúcar, endulza el ambiente la vainilla, lo hace picante el jengibre; unos olores combinados que hacen que te hormiguee la nariz saturan la cocina, empapan la casa, salen volando al mundo arrastrados por el humo de la chimenea. Al cabo de cuatro días hemos terminado nuestra tarea. Treinta y una tartas, ebrias de whisky, se tuestan al sol en los estantes y los alféizares de las ventanas.

¿Para quién son?

Para nuestros amigos. No necesariamente amigos de la vecindad: de hecho, la mayor parte las hemos hecho para personas con las que quizás sólo hemos hablado una vez, o ninguna. Gente de la que nos hemos encaprichado […]

El relato continúa describiendo las actividades que vienen con la temporada invernal, el paisaje, la comida, los regalos, son parte de Un recuerdo navideño que todos tenemos. Sin duda es un cuento entretenido y con un final poco predecible que colapsará tu tiempo en recuerdos.

Truman Capote

UNA NAVIDAD (1982)

El cuento comienza con una breve reseña autobiográfica del protagonista, habla de sus padres y de su actual situación. La madre, una mujer hermosa e inteligente que se había casado con un hombre 12 años más grande, decide dejar a su hijo a cargo de su familia mientras ella termina la Universidad y el padre resuelve sus asuntos laborales. Así crece rodeado del campo y de muchos familiares que le son indiferentes, excepto su prima y mejor amiga, Sook.

La historia da un giro en la vida del pequeño, quien recibe una carta de su padre en la que solicita pasar la navidad con él. Éste, apenas recuerda haberlo visto un par de veces y no siente ningún interés de estar con él, pero Sook lo convence diciéndole que conocerá la nieve.

Me dieron un traje nuevo. Me colgaron en la solapa una tarjeta con mi nombre y mi dirección. Eso, por si me perdía. El caso es que iba a hacer el viaje solo. En autobús. En fin, todos pensaron que estaría a salvo con mi tarjeta. Todos, excepto yo. Estaba asustado; enfadado. Furioso con mi padre, ese extraño, que me forzaba a abandonar mi casa y a separarme de Sook por Navidad.

La estancia con su padre fue poco agradable, era un extraño con que el pasaba la navidad, a pesar de ser un hombre encantador, bien parecido y que, aparentemente, tenía dinero, Buddy no llegaba a conectar con la figura paternal que, hasta ahora, nunca le había hecho falta gracias a Sook.

Pueden, pues, comprobar que tenía un gran encanto; y, de hecho, parecía seducir a la mayoría de la gente, a todos menos a mí. Eso era lo que me azaraba tanto, siempre arrastrándome de aquí para allá para que conociera a sus amigos, a todos, desde el banquero hasta el barbero que le afeitaba cada día. Y, naturalmente, a todas sus amigas. Y lo que es peor: se pasaba el tiempo besándome, achuchándome y presumiendo de mí. ¡Me sentía tan avergonzado! Primero, no había nada de que presumir. Yo era un auténtico chico de campo. Creía en Jesús y rezaba concienzudamente mis oraciones.

Estaba convencido de que existía Papá Noel. Y, en mi casa de Alabama, excepto para ir a la iglesia, nunca llevaba zapatos, ni en invierno ni en verano.

Poco a poco fue descubriendo quién era  su padre, llegó la víspera de navidad y la casa se llenó de invitados, música, comida y tragos, todo era tan elegante y aburrido para Buddy que miraba desde lejos, no dejaba de pensar en que llegaría Papá Noel, aunque su primo Billy le dijera que no existía. De pronto, miró cómo una mujer mayor bailaba, estrechaba y besaba a su padre; no soportó la imagen y decidió irse a dormir, pero no pudo, pasó el tiempo, la música cesó y los invitados fueron despidiéndose.

Caminaba a gatas por debajo del árbol disponiendo una pirámide de paquetes. Envueltos en papel púrpura, y rojo y dorado, y azul y blanco, crujían levemente cuando él los movía. Me sentía aturdido, ya que lo que veía me obligaba a reconsiderarlo todo. Si se suponía que estos regalos eran para mí, obviamente no habían sido enviados por el Señor ni repartidos por Papá Noel; no, eran regalos comprados y envueltos por mi padre. Lo que significaba que mi detestable primito Billy Bob, y otros tan detestables como él, no mentían cuando se burlaban de mí y me decían que no existía Papá Noel. El peor pensamiento era: ¿sabía Sook la verdad y me había mentido? No, Sook nunca me habría mentido. Ella creía. Eso era, aunque tuviera sesenta y tantos años, de alguna manera era al menos tan niña como yo.

La navidad terminaba y Buddy debía volver a casa con Sook, su padre intentaba convencerlo de quedarse a su lado, pero la idea de dejar a Sook y a su perrita Queennie le impedían seguir los deseos de su padre. La última conversación que mantuvo con él antes de abordar el autobús lo dejó trastornado y la pregunta que quedó en aire entre los dos se resuelve en el final de la historia.

Sin duda, ambos cuentos comparten características, parecen estar enlazados por los personajes y el motivo navideño, pero la brevedad, la sencillez del lenguaje narrativo y las descripciones, son primordiales para crear un cuento que atrapa a los lectores. Truman Capote es un escritor que no necesita de tantos recursos literarios para cautivar a su público, siempre apela a los sentimientos que por las fechas están a flor de piel entre muchos de nosotros. Por ello, si tienen un rato libre en estos días, les recomiendo ampliamente estos cuentos.